"Mi amigo el río"

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"Mi amigo el río"

Mensaje  Ignacio6479 el Miér 22 Sep 2010 - 18:46

Hacía ya algún tiempo que no colgaba nada en esta sección. Bien, aprovechando que se han acabado las vacaciones y que hay que retomar las viejas y sanas costumbres, dejo este relato. A ver qué os parece.



"MI AMIGO EL RÍO"


El barrio en el que me crié pasaría por un barrio corriente si no fuera por el río. Supongo que eso es precisamente lo que por aquel entonces le hacía ser un barrio tan especial y que viniese tanta gente a visitarlo.

En verano el río era el lugar de reunión de muchos vecinos. Tenía mayor poder de convocatoria que la taberna o, incluso, que la mismísima iglesia, lo que dice mucho en su favor, pues por aquellos tiempos los templos mantenían unos niveles de audiencia más altos que los campos de fútbol.

Cuando el calor apretaba de lo lindo allí nos reuníamos para bañarnos, tomar el sol en sus campos de poblada hierba o jugar descalzos con cualquier cosa que rodase y se pareciese a una pelota. En el mes de junio, con los primeros calores, era curioso ver, cubiertos a veces por el bañador, a los todavía blancos cuerpos que se asomaban por vez primera al aire libre. Esos cuerpos, con los efectos de los rayos del sol, pronto perdían su níveo aspecto para volverse dorados por el bronceado, pasando antes por el inevitable tono rosado, que nos daba la apariencia de cochinillos recién paridos y que tanto nos molestaba. El río aceptaba de buen grado esta afluencia de gente y también todos los juegos que desarrollábamos en su entorno hasta bien entrado el atardecer. Era en ese momento cuando muchas madres, cargadas con enormes cestos de ropa sobre su cabeza, acudían a hacer la colada en su coqueto lavadero. Desde el lugar de baño las oíamos conversar sobre los quehaceres y problemas domésticos, cuando no discutir o tirarse mismamente de los pelos. No les prestábamos demasiada atención aunque ellas siempre estaban pendientes de nosotros.

Solía quedarme a contemplarlo muchas tardes, cuando la gente se marchaba, y hablaba con él de tú a tú, como si de un igual se tratase. Me daba la sensación de que escuchaba y entendía lo que le decía, porque mientras yo hablaba él permanecía en silencio y cuando yo callaba los sonidos de sus rápidos se elevaban por encima de los cantos de pájaros y ranas que en él moraban. Había cierta complicidad entre nosotros. Ahora lo sé con certeza.

En los días nublados, cuando el baño no apetecía, era frecuente vernos con las cañas de pescar recorriendo sigilosamente los rincones más apartados, donde pensábamos que podían estar los mejores ejemplares de trucha y anguila. Nosotros por aquel entonces no lo sospechábamos pero los peces debían estar sobre aviso, a juzgar por la falta de capturas con las que siempre regresábamos a casa. No se me quita de la cabeza la idea de que era él quien de alguna manera los avisaba. Siempre me pareció escuchar su risa ante nuestros fracasos, pero me cuidé mucho de decírselo a nadie, so pena de que me tomasen por loco.

Pasé mi infancia y parte de mi juventud en ese barrio, yendo con asiduidad al río, bien a tomar baños, bien a conversar, y en todos esos años no hubo ningún incidente digno de mención. Años después de haberme ido me enteré por la prensa de que un par de industrias se habían instalado en su ribera. Eran industrias contaminantes que en ocasiones abrían sus compuertas y dejaban escapar su veneno. En varias ocasiones la población de peces y batracios había sido prácticamente exterminada. Yo imaginaba lo que él debía estar sufriendo, dado el mimo con que cuidaba a sus habitantes y tenía ganas de ir a verlo para conversar, mas la distancia que nos separaba lo hacía imposible.

Pero la gota que colmó el vaso fue la canalización. Los terrenos por los que discurría eran demasiado valiosos como para dejarlos sin edificar y el ayuntamiento, previendo jugosos ingresos, recalificó el terreno y lo vendió a las constructoras para hacer una nueva zona residencial y un macro centro comercial. Para ello hubo que canalizar dos kilómetros de su curso; precisamente los que correspondían a mi barrio. La respuesta no se hizo esperar.

Estoy leyendo la prensa desde la distancia y las lágrimas afloran a mis ojos, rancias y amargas. En una crecida sin precedentes el río ha explotado y ha reventado toda la canalización, arrasando todo lo que ha encontrado a su paso. Resultado: Seis muertos, cuantiosos heridos y centenares de personas sin hogar. Lloro porque esto se podía haber evitado. De estar yo cerca él me habría avisado, me hubiese dado alguna señal para evitar la catástrofe, como solía hacer en las largas tardes que pasábamos conversando. Ahora vuelve a discurrir hecho un monstruo por su cauce natural, libre de ataduras. Las que antaño fueron aguas cristalinas y puras ahora discurren por mi barrio revueltas, tal vez para ocultar el color de la sangre, el olor de la tragedia.


Ignacio6479
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Re: "Mi amigo el río"

Mensaje  calabrote el Jue 23 Sep 2010 - 11:09

Es la trsite historia de muchos de los rios españoles ( y extranjeros ), dónde la avaricia ha podido más que el sentido común, pero cuando la naturaleza dice que va, no la para nadie y vuelve a encontrar sus antiguos cursos.
Muy buen relato Ignacio. Un saludo.

calabrote
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